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ADVERTENCIAS SOBRE LAS DEFINICIONES DE
"APRENDER UN VERBO NUEVO"

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1,0). GENERALIDADES

1,1). El encabezamiento de las definiciones normales, que corresponde a los infinitivos, va en letras mayúsculas.

1,2). Se pone en letra VERSALITA el infinitivo que encabeza una definición, cuando la forma preferida de ese verbo sea otra; como sucede, por ejemplo, con el verbo DALLEAR, "segar la hierba con el dalle", cuya forma preferida es DALLAR, verbo que se pondría en mayúsculas normales.
        También se encabeza la definición con este tipo de letra VERSALITA cuando los prefijos o sufijos que concurren a la formación del verbo no son los más usuales, o no son los preferidos; o, en los casos de prótesis, metátesis o aféresis comunes en el habla vulgar o coloquial, si tienen otras grafías y formas de uso academizadas o preferibles.
        Van así mismo en dicho tipo de letra los infinitivos de los verbos anticuados o desusados, siempre y cuando lo sean en todas las acepciones de que consten, incluyendo en esta categoría los antiguos que hayan sido usados modernamente, de forma esporádica, por algún autor.
        De igual modo va en VERSALITA el encabezamiento de los verbos de existencia dudosa, el de los neologismos caprichosos o exóticos, el de los erróneos o producto de erratas, el de los mal formados y, finalmente, en de los tachados de barbarismo. Ejemplos de encabezamiento de infinitivos en letra VERSALITA, son los siguientes: AIBAR, ALTIBAJAR, ALUMETIZAR, ANTIDIFERENCIAR, etc.

1,3). En el cuerpo de las definiciones, va en negrita la clase de verbo de que se trata (transitivo, tr.; intransitivo, intr.; etc.). Van en cursiva las marcas diatópicas o de zonas de uso (Amér., Chile, Colom., León, Soria, etc.) y en VERSALITAS las marcas de materia; tales como ARQUIT., LITERAT., QUÍM., etc.

1,4). Anteceden a las definiciones las marcas diacrónicas (ant., desus., etc.), siguiéndoles las marcas diaestilísticas y las dianormativas (fig., fam., vulg., barb.), etc., más las marcas diatópicas (Arag., Amér., etc.). Finalmente, van las marcas de materia (AGRIC., CONSTRUC., FILOS. etc.).

2,0). DEFINICIONES Y ACEPCIONES

2,1). Se abren con el símbolo de párrafo (§) las diferentes clases, categorías o usos de los verbos (transitivo, intransitivo, pronominal, variante, etc.); y la doble pleca (||) sirve para separar cada una de las acepciones o subacepciones en una misma ficha.
        Al principio de las definiciones suelen ir las formas intransitivas y las transitivas, indistintamente, según sean más o menos usadas que las que siguen, que son las pronominales. Aunque a veces son estas últimas las que abren definición, por tener más uso que las transitivas o intransitivas.
        Dentro de cada una de estas categorías, las acepciones de mayor uso anteceden a las de menor, de modo que las poco usadas (p. us.), las desusadas (desus.), las de la antigua germanía (Germ.) y las de la lengua antigua (ant.), por este orden, cierran las definiciones de cada ficha. Esta norma, sin embargo, no se ha podido seguir en algunos casos aislados, debido a otros condicionamientos, por ejemplo, al de ordenación de las acepciones por campos semánticos.

2,2). Cuando en las definiciones se habla de "alguien", el significado de dicho pronombre se puede extender tanto a personas (físicas, jurídicas, humanas, divinas, reales, imaginarias, etc.), como a animales o seres animados. Igualmente, el término "cosa" (como en "alguna cosa", "ciertas cosas", etc.), se suele usar en su sentido más amplio; es decir, se refiere tanto a objetos como a seres, entidades, asuntos, etc., sean materiales o inmateriales.

2,3). En la mayoría de los casos, supone una cierta impropiedad añadir a una definición, de uso transitivo o intransitivo, la nota de que tal definición vale también para el uso pronominal de ese verbo. Tal circunstancia se ha simbolizado por el signo =p (que significa "también pronominal",) encerrado en un cuadrado.
        Pero también hay que advertir que, de hecho, este símbolo evita tener que repetir, dos veces en una misma entrada, prácticamente las mismas definiciones, aunque con ligera variación. Las definiciones en forma pronominal suelen ser meras adaptaciones de las definiciones transitivas o intransitivas, reflejando el cambio de sujeto gramatical que en aquéllas se produce; y sus significados se refieren, intrínsecamente, a los mismos actos o procesos definidos en las formas transitiva o intransitiva.

2,4). Se designan con el número 1,0 las subacepciones de carácter más genérico, cuyo significado conviene también a las más específicas que le siguen. En otro caso, las subacepciones empiezan con el núm. 1,1.

2,5). Se pone entre paréntesis cuadrados [...] lo accesorio de las definiciones y acepciones, atendiendo al llamado "principio de sustituibilidad", adoptado por muchos lexicógrafos. Por medio de él, se propugna reducir la definición no sólo a lo conceptualmente imprescindible sino, además, hacer que se puedan ajustar a tal definición, e intercambiar libremente dentro de ella, cualquier tipo de cosa que convenga a lo que la definición abarque.

3,0). MARCAS EN DEFINICIONES Y ACEPCIONES

3,1). Cuando una acepción lleva el indicativo de uso local, como Almer., Burg. o Chile, ello no quiere decir que sea forzosamente usada en todo el territorio indicado. Muchas veces la acepción sólo se emplea en una parte, más o menos extensa, de dicho territorio. Pero tales marcas diatópicas, (o diatopográficas), tampoco suponen que tal acepción no se use en otras zonas, distintas de las expresadas. La función de estas marcas no es otra que la de situar geográficamente, de forma más o menos aproximada, un determinado uso. En el caso de que una acepción tenga más de una de estas marcas, se pondrán siempre en estricto orden alfabético, entremezclando las abreviaturas de países, provincias o zonas de España con las de América u otras zonas.

3,2). Se señalan con marca diacrónica de antiguos (ant.) los verbos que se emplearon durante la Edad Media, y con marca de desusados (desus.) los que tuvieron uso sólo durante la Edad Moderna, siguiendo el mismo criterio aplicado por el Diccionario de la Real Academia Española. Unos y otros se ponen en letra VERSALITA en el encabezamiento de la ficha, salvo que alguna de sus acepciones esté en uso actualmente, aunque sea con carácter dialectal. En tal caso, el infinitivo del encabezamiento se presenta en mayúsculas de cuerpo grande.
        En las definiciones se añade, además, una tercera categoría diacrónica: la de los verbos recuperados (recup.), marca con la que se señalan los verbos antiguos o desusados que, generalmente por obra de poetas o literatos, se han vuelto a usar alguna vez, modernamente, tras su desaparición de la lengua hablada o escrita. Hay que entender, sin embargo, que su esporádica aparición en algún texto no les hace perder su carácter esencial de obsoletos.
        Téngase en cuenta, sin embargo, que no se considera antiguo o desusado, forzosamente, un verbo que signifique cosas o acciones antiguas, o cosas que ya no se acostumbran a hacer o a usar. A esas cosas o acciones antiguas hay que llamarlas de alguna manera cuando, en obras históricas, o de investigación, etc., se alude a ellas en la actulidad. Pero sí se calificarán como antiguos o desusados aquellos verbos cuya utilización en la lengua actual resultaría anacrónica, o los que se usen pretendiendo remedar el lenguaje de otras épocas; tales serían los casos de "facer", "membrar", "afermosear", etc. En definitiva, se considerarán antiguos o desusados los verbos de otras épocas que, tanto en el habla como en la escritura actuales, son habitualmente sustituidos por otros modernos, de igual significado.

3,3). Las marcas de antiguo (ant.) y desusado (desus.) se refieren a acepciones no usadas habitualmente en el lenguaje actual de España, si bien pueden persistir en ciertos usos dialectales, como anteriormente se ha dicho, o en algún país americano, etc. Sin embargo, las marcas diaestilísticas, tales como cult., vulg., coloq., (culto, vulgar, coloquial), etc., y las dianormativas, como barb., angl., (barbarismo, anglicismo), etc., se pueden referir tanto al español de España como al de otros países y zonas hispanohablantes. En los verbos antiguos y desusados, sin embargo, no se consignan marcas de materia ni diatópicas; aunque en alguna ocasión se pone, entre paréntesis cuadrados, la localización geográfica de la zona en que tuvieron uso.

3,4). En las marcas diaestilísticas, se escalan los niveles de lenguaje, desde el más culto y acendrado (marca cult.) hasta el de uso rústico (marca rúst.). En medio, y en orden descendente, quedan los usos coloquiales (coloq.) y los populares (popul.) que no supongan un vulgarismo llamativo y, finalmente, los que sí tengan tal calificación (vulg.), o los jergales (jerg.) y los del mundo del hampa (hamp.).

3,5). Téngase en cuenta que, debido a la enorme difusión de los medios de comunicación social y a la escolarización y alfabetización de adultos en los medios rurales, muchos verbos marcados como rústicos o vulgares, pues tal fue el uso que tuvieron en un pasado no tan lejano, debieran quizá darse por prácticamente desusados hoy en día.
        No se hace así, sin embargo, por dos razones: la primera, porque gran parte de ellos pertenecen a las lenguas antigua y clásica, además de a la hoy vulgar o rústica, y fueron usados por nuestros clásicos; y la segunda, porque existe constancia de ellos en cancioneros populares, recopilaciones y estudios folclóricos, obras de escritores costumbristas, etc. Si novelistas, lexicógrafos o folcloristas recogieron este o aquel vulgarismo en una zona geográfica concreta, ello no significa que los actuales habitantes de tal zona hayan de sentir como suyos, forzosamente, aquellos vulgarismos. Sólo se constata que están documentados en tal o cual obra, prescindiendo de la relevancia de ella o del prestigio de su autor.

3,6). Se señalan con la marca RELIG., aunque quizá un tanto impropiamente, aquellas definiciones que hacen referencia a algún aspecto de la doctrina, liturgia, culto o usos de la religión, aunque casi exclusivamente de la católica, por ser ésta la única que ha producido vocabulario de asuntos relacionados con la religión en nuestra lengua.

3,7). Las marcas de materia, tales como FÍS., DCHO., (Física, Derecho), etc., significan las ramas de las ciencias, artes, oficios, actividades humanas, etc., conexas o relacionadas con el verbo que se define. Si embargo no suponen el empleo exclusivo o excluyente de un determinado verbo en los ámbitos que dicha marca expresa. Muchas veces, de hecho, tal verbo puede ser usado tanto en la lengua común (marca LNGCOMÚN.) como en el campo específico relacionado con la materia marcada, ya sea en el lenguaje científico, ya incluso en el vulgar.

3,8). Se pone la marca de materia GENT. (Gentilicio), en los verbos que aluden a hechos tales como el imitar las costumbres, usos, carácter, etc., de los naturales de algún país, región, raza, etc. Llevan dicha marca, p. ej., los verbos afrancesar, españolizar, judaizar, etc.

3,9). En las acepciones relacionadas con la Tauromaquia (marcadas como TAUROM.), entiéndase aplicable no sólo a los toros, sino también a los novillos y vaquillas bravas, en la mayoría de los casos, lo que acerca de los toros se define. Igualmente, al aludir a los caballos (marca CAB.) habrá que entender, cuando así convenga al sentido de lo definido, que tal significado también puede aplicarse a yeguas, potros u otras caballerías en general. Este criterio amplio de atribución de significados se ha seguido en muchos otros casos, referidos al sexo de personas o de animales, y aun a definiciones que afectan al reino vegetal. En consecuencia, la falta de absoluta precisión en alguno de estos casos, en favor de la necesaria brevedad definitoria, debería ser suplida por el buen sentido de los consultantes.

4,0). ETIMOLOGÍAS

4,1). Las etimologías se han tomado, básicamente, del Diccionario de la Real Academia Española; pero en muchas ocasiones se ha recurrido al "Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico", de J. Coromimas y J. A. Pascual, al "Diccionario etimológico español e hispánico", de Vicente García de Diego, y a numerosos artículos de las "Revista de Filología Española", "Revista de Dialectología y Tradiciones Populares" y "Revista de Filología Hispánica", entre otras.

4,2). Al transcribir las etimologías sólo se cita la palabra principal del étimo (nominativo, infinitivo, etc.), prescindiendo de la segunda palabra, entera o abreviada, con la cual a veces se suelen indicar el caso nominal o el modo verbal a que pertenece un determinado étimo, en su lengua de origen. No obstante, se da tal información en aquellos casos en que sea aconsejable, para evitar confusiones.

4,3). Se pone entre paréntesis cuadrados la pronunciación figurada de la mayoría de voces transcritas del latín, griego y árabe. Sin embargo, se omite tal figuración en las voces, precedidas o no de asterisco alzado, que se suponen existieron en el latín vulgar (marca latvulg.). Mal se puede decir cómo se pronunció una palabra nunca oída ni documentada, de la que realmente no se sabe si ha existido jamás.

4,4). Llevan un número volado, o superíndice, aquellos verbos que, aun escribiéndose con la misma grafía, se derivan de dos o más etimologías diferentes. Así, p. ej., se distinguen con superíndice los verbos arrendar1, arrendar2 y arrendar3, derivados de renda (renta), rienda y arremedar, respectivamente.

5,0). CITAS Y AUTORIDADES

5,1). En las citas y textos que ilustran las definiciones, tras la frase se pone la obra, abreviada en un acrónimo, y la página de donde se ha extraído. A efectos de identificar el título y el autor de la obra citada, se debe recurrir a la bibliografía ordenada por códigos o acrónimos, en la página codigos.htm.
        La misma información se puede encontrar en la bibliografía ordenada por autores, consultando la página bibaut.htm.

5,2). Los acrónimos constan de un máximo de ocho letras, sin espacios entre ellas. Esta norma se sigue aunque tal abreviatura se haya formado uniendo dos palabras independientes. No constituye errata, por tanto, el acrónimo ELPAÍS, así grafiado, en lugar del nombre y cabecera del periódico, EL PAIS, (sin acento).

5,3). Cuando tras una acepción se consigna el código o acrónimo de una obra y no se expresa, a continuación, la página en que se encuentra documentado el verbo definido, hay que entender que éste se halla en su orden alfabético correspondiente. En las citas con que se ilustran las frases hechas (apartados de Fraseol., al final de las fichas), si no se dice otra cosa se entenderá que la frase está ordenada con el mismo criterio; es decir, se encontrará también en la entrada del verbo principal de la frase.

5,4). En las citas de textos literarios, autoridades y ejemplos, la puntuación y la acentuación se deberán considerar como adaptadas a la presente publicación por Internet, salvo que se indique expresamente lo contrario. Se ha procurado mantener siempre los signos de puntuación y tildación originales; pero ello no ha sido posible en todas las ocasiones, precisamente a causa de tener que sacar de su contexto las frases objeto de la cita. Las de autor desconocido o de uso muy habitual, se ponen sin entrecomillar y sin otra referencia.

5,5). La letra adosada a un número de página, tras una cita, indica la columna de la página de donde se ha extraído el texto reproducido. Así, la notación 133a significa que la referencia se encuentra en la página 133, columna primera; 88b, en la página 88, columna segunda, etc. Esto vale tanto para los libros impresos a dos o tres columnas, como para la prensa periódica, a más columnas.

5,6). Los números de página separados por una barra inclinada (por ejemplo, 185/186), significan que la cita o texto aducidos están repartidos entre las dos páginas que se citan; el texto empieza en la primera de las páginas indicadas (que en este ejemplo sería la 185) y termina en la siguiente (186).

5,7). Cuando en el texto de la definición, o de un ejemplo aducido, aparecen nombres comunes o adjetivos que no constan definidos en la 21ª edición (1992) o 22ª edición (2001) del Diccionario de la Real Academia (DRAE21 y DRAE22), o que lo están con acepciones de distinto significado, tales palabras se ponen en cursiva y se suelen explicar o definir entre paréntesis cuadrados.
        En algunos casos, aunque muy pocos, se ha tenido que prescindir de tales aclaraciones, pues ello hubiera implicado una intromisión enciclopédica excesiva en algunos campos muy especializados (singularmente en algunos de las Ciencias y la Tecnología) lo cual escapa al propósito divulgativo de esta publicación por Internet.
        También se aclaran las palabras que, aun constando definidas en los antecitados Diccionarios académicos, son poco conocidas, o poseen varias acepciones que pudieran dar lugar a una interpretación equívoca. Con lo cual se quiere ahorrarle al lector una segunda consulta a un diccionario general de la lengua.
        Finalmente, algunas frases y palabras que el Diccionario de la Real Academia omite, pero que son suficientemente conocidas, o cuyo significado es fácilmente deducible, se ponen en cursiva, sin otra aclaración; p. ej., cantaor. También van en cursiva los extranjerismos; como byte, flip-flop, etc. Cuando estas voces forman parte de una frase ya escrita en cursiva, como las de los ejemplos y autoridades, la voz en cuestión se pone entre comillas españolas (« »). También se entrecomillan así los motes y apodos de personas, y los nombres propios dados ocasionalmente a los animales.

5,8). En las citas de autoridades con textos en verso, éstos se separan entre sí por medio de una barra inclinada ( / ).

5,9). Los puntos suspensivos, estén al principio, al final o en el interior de una cita, vayan o no entre paréntesis o corchetes cuadrados, indican texto omitido, no necesario para la perfecta comprensión del significado de la frase que se transcribe.

6,0). FRASEOLOGÍA

6,1). Las frases hechas se incluyen en el apartado de fraseología (Fraseol.), a continuación de las definiciones del verbo que contienen.

6,2). En los ejemplos aducidos, cuando en una expresión o frase hecha concurren dos o más verbos, el ejemplo se ordena, generalmente, por el primero de ellos.

6,3). Los paréntesis con los que en la fraseología se encierran letras o palabras, indican que las que estén comprendidas entre ellos pueden ser usadas o no en la frase, sin que por ello varíe el sentido o significado que se define. A efectos de ordenar alfabéticamente las frases dentro de cada entrada, se considera como no existente lo encerrado entre tales paréntesis.

6,4). Antes de explicar el significado de las frases hechas, se ponen las abreviaturas Fr. o Expr. ("Frase" o "Expresión"), indistintamente, para calificar tales frases o expresiones. Se entiende que ambas abreviaturas encierran conceptos sinónimos; pero se suele poner la primera de ellas cuando la "frase hecha" es prácticamente completa por sí misma; en los demás casos, se suele calificar como expresión la "frase hecha", salvo en algunos casos en que éstas se califican como locución (adverbial, conjuntiva, etc.).

7,0). INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA EN LAS ENTRADAS

7,1). Después de cada infinitivo se da su silabación, entre guiones. Ello sirve, por un lado, para confirmar la correcta grafía de muchos infinitivos con los que el lector medio no suele estar familiarizado; como, por ejemplo, los mejicanismos académicos a-cha-huis-tlar y con-tla-pa-che-ar, silabeados atendiendo a la pronunciación náhuatl, que contiene el dígrafo tl, el cual puede iniciar palabra. Y, por otro lado, sirve también para facilitar información sobre la correcta separación de sílabas en casos dudosos; como, p. ej., en el verbo parasintético des-en-e-jar, "desmontar o desencajar el eje de alguna cosa", cuya silabación preferible se establece atendiendo a sus tres étimos: des-, en y eje, pero dando también como admisibles las muy distintas silabaciones vulgares: de-se-ne-jar y des-e-ne-jar.
        Aunque se deberían preferir siempre las silabaciones etimológicas, no ha de haber gran inconveniente en admitir también las vulgares, por entender que el intrincado mundo de las etimologías difícilmente es conocido por la mayoría de usuarios de una lengua.
        En definitiva, cuando se advierte que la partición silábica se ha hecho atendiendo a la silabación etimológica, se quiere indicar que en la separación de sílabas de un verbo (sea compuesto, derivado o parasintético) se ha respetado la silabación de los étimos, o de las palabras de la misma raíz o familia, cooperantes en la formación del verbo. Así, en el verbo ahijar, se daría la silabación vulgar, ahi-jar, seguida de la etimológica, a-hi-jar. A propósito: se ha tenido siempre en cuenta la norma académica de que la h, intercalada entre vocales, no deshace el diptongo.

7,2). Al final de las fichas se dan, en muchos casos, estas tres clases de sinónimos:

      1), sinónimos modernos de verbos modernos, marca SINÓN.;
      2), sinónimos modernos de verbos antiguos, marca SINÓNMOD.; y
      3), sinónimos antiguos de verbos modernos, marca SINÓNANT.

      A ellos les siguen, por este orden, los derivados, variantes gráficas o fonéticas, homófonos, antónimos, parónimos y pronunciación antigua y moderna, en su caso.

7,3). Raramente se dan los parónimos y antónimos de los verbos antiguos (ant.), desusados (desus.) y de la antigua germanía, o germanía histórica (GERM.)) ni, en general, de los verbos entrados en letra PEQUEÑA. Pero, en algún caso, se podrán encontrar sinónimos antiguos, con carácter meramente informativo, tal como se indica en el apartado anterior. Sí se dan, no obstante, los sinónimos de los verbos poco usados (p. us.).
         Téngase en cuenta que los sinónimos se ponen sólo al final de la entrada del verbo principal o más común, no repitiéndolos en otras fichas que remitan a este mismo verbo principal. Así, los sinónimos de fablar figurarán bajo la entrada hablar; pero no bajo acarabear, chirlear o fabular, que antiguamente también significaron hablar; ni bajo el poco usado verbo naquear, de igual significado.

7,4). Para el correcto empleo de los sinónimos registrados en las fichas, se deberá tener en cuenta que en ellas no se especifican ni el nivel estilístico ni la zona habitual de uso de tales sinónimos; por lo que, si no se conocen estas particularidades, se deberá consultar la correspondiente definición en los Diccionarios.

7,5). Los números que preceden a los sinónimos, variantes y antónimos, al final de las entradas, indican a qué acepción numerada se refieren. Tales números se han omitido cuando la ficha consta de una sola acepción o definición.

7,6). Al consignar los parónimos (Parónm.), se han tenido en cuenta algunas de las características de las pronunciaciones andaluza y americana. Éstas, con sus ceceos, seseos y algunos otros trastrueques de vocales y consonantes, pueden crear confusión, en algunas personas, entre unos verbos y otros, de pronunciación parecida o cercana. En este capítulo se ha preferido pecar ligeramente por exceso antes que por defecto, ya que en nada parece perjudicar algún parónimo sobrante; y sí, en cambio, podrá ayudar a alguien, en determinados casos. Así, se ponen como parónimos resorber y resolver; abrasar y abrazar, etc.

7,7). Los contrarios o antónimos (marca Antmo.) se ponen aunque sólo convengan a una de las acepciones de un determinado infinitivo.

7,8). Los verbos que constan a continuación de la marca Vtes.: (variantes), equivaldrían realmente a sinónimos; pero no es aconsejable usarlos como tales, por tratarse siempre de verbos antiguos, o de grafías obsoletas, o que representan pronunciaciones anómalas, rústicas, etc.

7,9). Tras el modelo de conjugación se dan también los participios activos de la mayoría de verbos terminados en -er o -ir, aun teniendo en cuenta que prácticamente todos los participios activos se usa, en la lengua actual, como adjetivos. Se omiten los participios activos de los verbos terminados en -ar, pues todos ellos, sin excepción, hacen tales participios en -ante.

8,0). GRAFÍAS Y FONÉTICA

8,1). Para representar algunos sonidos del castellano antiguo, como el de la -x- y el de la -g- o -j- seguidas de vocal, así como otros sonidos del habla actual del Noroeste español y de algunos países de América, especialmente en las palabras de origen quechua y náhuatl, de algunas del lunfardo y de otras varias, se han adoptado los dígrafos que a continuación se indican, siguiendo el criterio de varios lexicógrafos de prestigio. Estas pronunciaciones se aclaran, en todo caso, tras las observaciones de PRONMOD., para la pronunciación moderna, y PRONANT., para la pronunciación del castellano antiguo. Pero, en general, se ha prescindido de otras indicaciones o signos de carácter fonético, por entender que esta clase de precisiones excederían del propósito divulgativo aquí buscado. Las pronunciaciones figuradas se han representado así:

8,1.1). Dígrafo sh. Se pronuncia como la -ch- francesa de "chien", la -sh- inglesa de "cash", o la -x- catalana de "baixar" y la gallega de "baxar".

8,1.2). Dígrafos gh y jh. Se pronuncian como la -g- francesa de "général", la -j- inglesa de "jeans" o la -g- catalana de "Girona".

8,1.3). En cuanto a la antigua letra c con cedilla -ç-, téngase en cuenta que se puede pronunciar, aproximadamente, como la -s- española actual.

8,2). Las tildes que expresan la cantidad de las vocales latinas, (tal como en la grafía que corresponde a la letra a larga, o en la grafía con la que se significa la a breve, etc.), se ponen, generalmente, de acuerdo con el "Nuevo diccionario Latino-Español etimológico", de Raimundo de Miguel y el Marqués de Morante, en su 2ª ed. de Madrid, 1868, obra especialmente precisa y escrupulosa en la marcación de ellas. Las grafías griegas se transcriben con su alfabeto, tal como en el Diccionario de la Real Academia, 22ª edición, de 2001. Por lo que respecta a las transliteraciones de étimos árabes, se han adoptado también las normas utilizadas por el Diccionario académico, que se atiene a los criterios fijados por la escuela de arabistas españoles y al sistema oficial de transcripción usado en la revista Al-Andalus.

8,3). En las grafías dudosas entre -b- o -v-, como sucede en algunos andalucismos, aragonesismos, etc., o en las de los verbos de uso popular, coloquial o rústico, o en muchas otras formas sin academizar o normalizar, se prefiere poner -b-, salvo que una etimología segura aconseje la grafía con -v-. Del mismo modo, en el tipo de verbos mencionados se prefiere la grafía vulgar -gua- frente a la más culta -hua-. Por contra, se academizan siempre las grafías -ze- y -zi-, transcribiéndolas como -ce- y -ci-, salvo en los casos en que la Real Academia así los mantenga; sea en la propia voz, como en zigzaguear, sea en su étimo, como en zincar, derivado de zinc o cinc, etc.
         En el lenguaje antiguo, extraído de ediciones paleográficas, se prescinde siempre de las grafías de -i- larga, o -j- con valor de -i-, y se transcriben siempre como -i- latina.

8,4). En las fichas se da el nombre de textos heterográficos, marcados con la señal [hg.], a todos aquellos que no se atienen a las normas ortográficas actuales; ya sea porque provienen del lenguaje antiguo o desusado, y están puestos con la grafía original de sus manuscritos, ya porque proceden de ediciones antiguas, o modernas paleográficas, o bien porque transcriben el habla o la pronunciación vulgares, como es el caso de algunas obras de escritores costumbristas, etc.
        En todos estos casos, las citas respetan la grafía de la obra de donde se han tomado. En el lenguaje antiguo, no obstante, se suele poner la acentuación moderna, cuando así convenga para la mejor comprensión del texto. También se actualizan las grafías de mayúsculas y minúsculas, antaño de uso tan arbitrario, de acuerdo con la escritura actual.

8,5). Con independencia de lo dicho en el párrafo anterior, van seguidas de asterisco alzado (*) las palabras que se quieren confirmar como correctamente grafiadas. Por ejemplo, se pospone asterisco alzado a palabras como doblao*, niervos* (doblado, nervios), etc. Ello equivale al clásico "(sic)", pero es más breve y fácil de utilizar, e incluso de comprender, por oposición al usual asterisco alzado previo, que indica palabra dudosa, o no documentada, etc.

9,0). SIGNOS Y SÍMBOLOS USADOS

9,1). No tienen otro valor que el de facilitar su rápida localización visual, algunos símbolos gráficos (como el cuadradillo y el rombo en negro, etc., figuras no disponibles en formato HTML,) que anteceden a los ejemplos de fraseología, citas o autoridades, acentuación, observaciones, sinónimos, antónimos, homófonos, parónimos, etc.

9,2). Otros signos usados, son:

* Signo que precede a una forma hipotética, inventada, reconstruida, anómala o dudosa, tanto en las etimologías como en los infinitivos de entrada de los artículos. Véase, además, lo dicho en el anterior párrafo 8,5).

< Signo que, en los artículos de entrada, sigue a infinitivos de los que se da su etimología. Indica, por lo tanto, que el verbo procede o se deriva de la etimología expresada a continuación de este símbolo.

10,0). CONJUGACIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LOS VERBOS

10,1). Tal como se indica en la página de "Terminología usada por el Instituto de Verbología Hispánica" ( http://www.verbolog.com/tm.htm ) denominamos verbos semirregulares (marca "Semirreg.") aquellos que, en su conjugación, sufren sólo pequeñas variaciones ortográficas, con el fin de mantener el mismo valor fonético de sus desinencias. El nombre convencional de semirregulares, que ha propuesto el "Instituto", se adopta para denotar un estado intermedio entre la regularidad absoluta y la irregularidad propiamente dicha. En consecuencia, los semirregulares se consideran, al igual que en el "Esbozo de una Nueva Gramática", de la Real Academia Española, verbos regulares, pero con adaptaciones ortográficas en el desarrollo de alguna de sus formas, por así exigirlo un determinado patrón fonético.

10,2). También el "Instituto" distingue los llamados verbos tíldicos (marca Tíld.), considerando como tales aquellos que, en algún caso, toman tilde, (ya sea tilde en forma de acento o de diéresis), o sufren cambios de acentuación, especialmente para deshacer un diptongo que recaiga en alguna de sus sílabas tónicas. Por contra, denomina verbos isoptongos (marca Isopt.), a los que a lo largo de toda su conjugación no deshacen el diptongo presente en su infinitivo.

10,3). Se consideran de conjugación vacilante, y se marcan como Vacil., los pocos verbos que se suelen usar, acentuar o conjugar de dos formas, indistintamente; como sucede con expatriar y otros.

10,4). Al final de las entradas y tras el signo de calderón (¶) se dan los modelos de flexión y tildación (en su caso) de los verbos. Los regulares se marcan como Reg., los irregulares como Irreg. y los semirregulares como Semirreg.         El paradigma de flexión aplicable se consigna tras la abreviatura "Conjug.:", y el modelo de tildación viene tras la abreviatura "Acent.:".

10,5). Se omiten los modelos de conjugación o acentuación de los verbos antiguos y desusados (con marcas diacrónicas ant. y desus., respectivamente).
        No obstante, se da la conjugación de los verbos "recuperados", a los que se ha hecho referencia en el anterior párrafo 3,2). Tampoco se pone modelo de conjugación en los verbos no documentados o supuestos (marca supto.), en los barbarismos (marca barb.), en la casi totalidad de las variantes rústicas (rúst.) y en algunas otras variantes (marca vte.), además de en muchos de los verbos de uso vulgar (marca vulg.), y en la mayoría de los extranjerismos y de las variantes de pronunciación o gráficas.
        También se omite el modelo de conjugación en los verbos de la antigua germanía, o germanía histórica, (con marca Germ.) y en los del judeoespañol (marca jud.).

10,6). Aun admitiendo la clasificación tradicional de los verbos en transitivos, intransitivos, pronominales, etc., y sin entrar en otro tipo de consideraciones teóricas o terminológicas, se han adoptado algunas variantes de nomenclatura que, expuestas de manera muy concisa, son las siguientes:

10,6.1). Difusivos. Con sujeto difuso, indeterminado o tácito; como en "dicen...", "ocurrió que...", "cuentan...", etc.

10,6.2). Difusivos pronominales. Igual que los anteriores, pero acompañados de pronombre; como en "se dice", "se comenta que...", etc.

10,6.3). Natúreos. Expresan fenómenos de la Naturaleza; como en "llueve", "truena", "nieva", etc.

10,6.4). Natúreos pronominales. Igual que los anteriores, pero acompañados de pronombre; como en "Parece que hoy también se anublará", etc.

10,6.5). Semirreflexivos. Reflexivos, con acción que recae sobre el complemento directo; como en "atarse el zapato", "ponerse la bata", etc.

10,7). El "Instituto de Verbología Hispánica" ha fijado los 101 paradigmas o modelos de conjugación, que cubren todas las variaciones de formas y acentuaciones (flexiones y tildaciones) posibles en los verbos del español, sus dialectos y lenguas afines. Sería tarea inútil intentar encontrar un paradigma que sobre o falte entre esos 101, por leve o sutil que sea la peculiaridad que aporte a la conjugación. Hablamos siempre de la conjugación española, incluso suponiendo adaptados a las normas de desarrollo de nuestras conjugaciones (cuando fuera posible) los infinitivos regionales o locales que también se conjugan de acuerdo con gramáticas regionales propias.
        Algunos de estos 101 modelos de conjugación podrán parecer superfluos, como en los casos de autoinflar o de engoitar; pero la variación y la regularidad tíldica, respectivamente, que se producen en uno y en el otro de estos dos verbos, o sea, la ruptura, en un caso, y la conservación, en el otro, del diptongo -oi-, son circunstancias que no se dan en verbos de ningún otro paradigma; salvo que se quieran igualar, a efectos de acentuación, los diptongos -ai-, -ei-, -oi-, etc., cosa que ha evitado el "Instituto", no sólo en aras de una mayor precisión sino, además, por las razones técnicas que se dan en el próximo párrafo.

10,8) En los paradigmas de conjugación se han tenido en cuenta la amplitud y variedad de países donde se habla nuestro idioma, así como también la profusión de verbos dialectales, bien formados y de correcto uso, aún vivos en muchas de las regiones españolas. Pero lo que ha sido determinante, sobre todo, al fijar estos 101 paradigmas de conjugación, es el hecho de tener en cuenta los programas informáticos de traducción y lectura automatizadas de textos, así como los generadores lexemáticos de conjugaciones verbales de nuestra lengua, programas que necesitan unas especificaciones muy precisas para su correcto funcionamiento. Así, en cuanto a las variantes de acentuación o tildación, el "Instituto" distingue los verbos en los que se conservan o se deshacen los diptongos siguientes: ai, ahi, au, ahu, ei, ehi, eu, ehu, ia, oi, ohi, ou, ua y uha.

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